Entré con temor y
un humor irritable y triste, la
Coordinadora y los asistentes del grupo me recibieron muy
bien, con calidez y alegría.
-Acá no venimos a
hablar de cáncer, acá venimos a hablar de la vida, aunque nombremos con todas
las letras la palabra cáncer: LO QUE SE NOMINA SE DOMINA. –dijo la doctora.
-Venimos por un
cambio de actitud, para cambiar viejos patrones de conducta que nos llevaron a
enfermarnos. –comentó una de las asistentes, lucía un precioso turbante con
flores lilas y verdes, debajo no tenía pelo, se le había caído por la
quimioterapia. Otra señora prefería usar una peluca gris.
-¿Porqué no te
sacás ese “quincho”? –le preguntó cómicamente la doctora a la de la peluca,
todos comenzamos a reír, porque la pregunta fue hecha de forma tan natural y
positiva que no caía mal.
-Es importante
aceptarnos como somos, acá aprendemos esa ley tan saludable. –expresó otra
señora.
-A ver, sacáte la
peluca.
-No… es que me
siento fea… -Ante los pedidos y las bromas, por fin la mujer se relajó y
descubrió su cabeza: unos pocos mechoncitos oscuros asomaron en forma de
pelusa.
-Es pasajero, ahora
te va a crecer un cabello hermoso, sano y fuerte.
-¡Síiiii! –coreamos
las demás.
-A mí por ejemplo
me molesta la bolsita. –dijo un hombre joven y guapetón, aludiendo a la
colostomía que le habían conectado.
La doctora le
sugirió también de que aceptase su condición, que no importaba si hacía caca
por detrás o por medio de una bolsita conectada al intestino, que eso era como
una medalla de guerra, que había ganado la batalla de estar vivo y que si hacía
el amor, al liberar endorfinas se iba a sentir de maravillas.
-No me animo a
tener relaciones con “esto”
Yo, que años atrás
había sido operada por un cáncer de recto y usé la bolsita ocho meses hasta que
me volvieron a conectar, le conté mi experiencia y agregué:
-Yo te aseguro que
sí podés tener sexo aún con bolsita, estando conectada, hice el amor como loca,
disculpen la expresión, pero en esos momentos me “cagaba” en la bolsita.
Todos rieron, Roberto
(así se llama) también. Me atreví a mostrarme espontánea porque ahí todos lo
hacían, me sentí cómoda al poder hablar libremente.
La tarde pasaba y
estábamos en una cómoda sala, clara y luminosa.
Una veterana del
grupo llamada Susana, comenzó a contar su experiencia, estaba sana y feliz y
venía a dar su testimonio de vida, quedamos conmovidos al oírla, y cuando
concluyó, la doctora le dijo cálidamente.
-¿Viste que estando
relajada no se te notó que te falta la dentadura postiza? Vos que tenías tantos
reparos en mostrarte sin dientes…
Risas generales,
Susana endureció el gesto y se llevó la mano a la boca, ahí sí, efectivamente
se le notó la encía desnuda, era verdad, suelta y floja ni se advertía aquello.
La doctora se
levantó y salió hacia el baño.
-Nosotros te
queremos igual, sin dientes o con dientes. –le dijo una señora muy fina y
simpática que parecía ser amiga de Susana. –y yo te lo voy a demostrar
–prosiguió mirándonos a todos sonriendo y golpeando levemente su dentadura:
-¿Ustedes me
quieren así? –preguntó
-¡¡¡Síiiiiiii!!!
–fue la contestación unánime.
Al acto, la mujer
se saca la prótesis dental delante de todos.
-¿¿ Y ashi ?? –dijo
con la boca hundida, seseando.
-¡¡¡Síiiiiiii!!!
–respondimos.
Serenamente, la
señora tomó su pañuelo y se colocó nuevamente la prótesis.
-¿Ves?, con esto
quiero decirte que nosotros te queremos como sos. (Aplausos).
-¿Acaso aquella
compañera no acaba de sacarse la peluca? ¿Porqué yo no puedo hacer lo mismo con
mi dentadura?
-¡Claro! Contesté
–Y que Roberto se saque la bolsita y la sacuda al aire regalándonos un
streep-tease. –Sugerí entre risas: Fue una fiesta del alma, nos podíamos reír
hasta de nuestras falencias, sin tapujos, con un humor inofensivo que pocas
veces tuve el honor de disfrutar,.
Cuando la doctora
volvió, nos encontró unidos ante una carcajada generalizada.
Salí hacia la Estación con mis compañeras,
noté el cielo rosado, enderecé mis hombros y me dije que la vida es hermosa y
es necesario tomarla a grandes sorbos, como dice Bertolt Brecht.
Al llegar a mi
barrio, una vecinita me miró asustada.
-Hola… me enteré … ¿estás
bien? –preguntó dubitativa
-Muy bien, ayer me
fui a bailar unos tangos y todo.
-¡Ayyy! ¿Tan
pronto? ¿No te hizo mal?
-No, es una
indicación médica, es bueno para mi salud mover el cuerpo, caminar, bailar, en
su tiempo y medida, claro…
-¡Ahhh! ¿¿Pero vos,
estás bien??
Allí me planté en
seco y la miré decidida.
-¿Vos me ves mal?
–le pregunté con mi mejor sonrisa.
-No, no… se te ve
muy bien! –contestó socarrona.
-Ahhh… -dije riendo
y nos despedimos amablemente.
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Esto no es un
cuento, es un testimonio de vida sobre los Grupos Terapeuticos sin fines de
lucro que nos regala “APOSTAR A LA
VIDA” y al que tengo el orgullo y la suerte de conocer desde
hace dos semanas y que, gracias a esta terapia, he aumentado mis defensas
vitales. La FUNDACIÓN APOSTAR
A LA VIDA, se halla
en facebook y en su página que se encuentra
fácilmente en google o face.
Gracias a todos
NÉLIDA MARTINELLI, abril 2012.